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MEDICINA para la AUTOORGANIZACIÓN
Dolor Persistente y Otros Problemas Complejos


 

El ACTO MÉDICO ante lo HOLÍSTICO

 

Dr. Julio César Payán,
Colombia



D
edicado a la Luna (una forma de agradecer).
Tiempo de actualidad del trabajo: Mientras usted sea
capaz de cuestionarse y cuestionar.
Objetivo del trabajo: Revisar nuestra forma de actuar como personas y como médicos.
No es
apto para los que están seguros de lo que son, de dónde están, para dónde los llevan y de lo que saben.

Heinz Von Foster entre otros estudiosos de la Biocibernética plantea la existencia de los circuitos circulares. Sus enseñanzas las podemos presentar de la siguiente manera:

Estamos acostumbrados a una causalidad horizontal y lineal, donde: A >>> B >>> C >>> D >>> etc., o sea que la causa precede al efecto; ayer, hoy, mañana. Ésta, que es una visión en parte verdadera, es mecanicista, determinativa y por lo tanto previsible. A veces se habla de multicausalidad que al final es lo mismo. Esto es: A1 + A2 + A3 + A4 + etc. >>>B >>> C >>> etc. O sea que B es causado por A1, A2, por todos ellos juntos, o por uno, o por varios de ellos, pero al fin y al cabo la visión sigue siendo lineal. Muchas veces se toman estos factores multi o unicausales como la única causa, y el resultante como el único efecto posible; se desconoce u olvida la diversidad biológica, el indeterminismo cuántico y el caos físico vital.

Cuando las causas actúan desde el pasado es lo que se llama una causa eficiente aristotélica. Pero hay también la llamada causa final aristotélica que implica un propósito, y que sería una causa que actúa desde el futuro, esto es que: "El sistema total muestra un propósito en el futuro que actúa como una ENDOCAUSALIDAD en un nivel diferente a la causalidad desde el pasado. Cuando el sistema es estimulado o perturbado desde el exterior lo que pasa no depende solamente de lo que este estímulo genera en sus componentes y en la interacción en A y B, B y C, etc, sino que también depende de lo que todo el sistema tiene como propósito, lo cual actúa como una causalidad desde adentro."

"Al enlazar circularmente los componentes del sistema y generar esa dimensión teleológica (de causalidad final, de propósito) hemos dado un salto fundamental desde un campo de explicaciones donde reina la materia y la energía (los principios explicativos de la causa eficiente de la física) a otro campo de explicaciones donde aparece la noción de información."

Todo esto repercute en que el sistema al operar en conjunto, como un todo termodinámicamente abierto: "genera un nivel de autonomía con respecto al entorno."

Para un mejor entendimiento podemos tratar, y sólo con fines meramente académicos, de explicar las cosas así:

El sistema circular (recordar los cinco elementos) está en intercambio continuo de energía y materia (termodinámicamente abierto) con el universo, teniendo la capacidad de elaborar su información de acuerdo a su pasado genético, según su propio código y también su teleología o propósito. Para esto utiliza una infinita cantidad de manifestaciones de energía y de sustancias químicas que lo convierten en un sistema ampliamente complejo, que sigue leyes gravitacionales, cuánticas y desconocidas, y que hacen que en el cumplimiento de su propósito parezca a veces caótico para la física actual, pues como lo plantea Antonio F. Rañada en Movimiento Caótico "la diferencia ente orden y caos depende de la limitación de nuestra capacidad en la medida del mundo".

Estos tres factores: la complejidad de sus reacciones, lo cuántico y el caos lo apartan de las leyes físicas gravitacionales, mecanicistas y cartesianas que son la base de la Fisiología, la Patofisiología y la clínica médica actual.

Aunque en el diagrama lo hemos esquematizado fuera del sistema circular y señalado con flechas, la verdad es que dentro de sí, con su endocausalidad, el sistema (ser humano) acude a una infinita cantidad de reacciones, energéticas, físicas y anatómicas para cumplir su teleología. Para esto, el organismo requiere de un orden propio.

"La noción de control se complejiza a través de la noción de regulación. Fijar el rumbo a un sistema no es imponer un camino directo y predecible, sino generar ciertas restricciones que, por caminos variables e impredecibles, reestructuran constantemente el juego complejo entre los componentes del sistema. Regular es generar niveles de meta estabilidad más allá de, y producto de, un cambio constante en otros niveles de funcionamiento del sistema."

Por eso hemos dibujado una gran interrogación que abarca todo el esquema, pues de sus mecanismos de endocausalidad y caminos o reacciones para alcanzar su teleología, conocemos muy poco.

Las flechas, que sólo hacen parte de un esquema académico y que señalan la dirección entre el sistema circular y su propósito, muestran diferentes rayados que indican la cantidad de posibilidades con que puede jugar el sistema dentro de sí mismo, para alcanzar su desconocido propósito.

Al médico le toca acercarse a ese paciente o «sistema» (el nombre de «sistema» lo vamos a abandonar en este escrito pues no es el más adecuado para nosotros), con todo su desconocimiento, a ayudarlo a alcanzar su propósito, mediante impulsos que estimulen su orden individual, y no a imponerle un "equilibrio" o estatus de salud previamente establecidos por la ciencia médica.

Relación médico-paciente ortodoxa

La llamada relación médico-paciente está basada en un sistema médico gravitacional y determinativo que no acepta su ignorancia frente al paciente pues lo considera regido sólo por leyes newtonianas. De esta manera el sistema médico le impone sus conocimientos y lo subordina a ellos.

Michael Talbot cita al físico de Princeton John A. Wheeler quien, ante la complejidad de las funciones físico-biológicas, dice refiriéndose al papel del investigador frente a lo investigado: "para descubrir lo sucedido, nos vemos obligados a tachar la vieja palabra «observador» y poner en su lugar la nueva palabra de «participante». En un sentido un tanto extraño, el universo es un universo participativo."

La relación del médico con el paciente en la medicina ortodoxa u oficial no permite lo participativo ya que considera al paciente como un sistema gravitacional, lineal, determinativo, del cual basta obtener suficiente información para saber de dónde viene y hacia dónde se dirige (ayer y mañana). No acepta el indeterminismo cuántico ni la posibilidad de sistemas caóticos para buscar su teleología.

"No me gusta su orina, o su radiografía, o su modo de pensar, o la forma cómo usted busca su propósito" dicen los médicos a sus pacientes.

"Hay que normalizarle (unificarle) su presión arterial, sus leucocitos o su gusto por la vida".

La medicina, y el médico como instrumento de su ideología, quieren imponer al ser humano su meta y su camino, violentándolo y no aceptando su ignorancia respecto a él.

No es una relación pacífica, es violenta, ejerce el poder del conocimiento, manipula al enfermo y le obliga a cumplir su desconocido propósito siguiendo los caminos previamente marcados por una ciencia cuyas bases descansan todavía únicamente en la física determinativo-gravitacional.

De allí la yatrogenesia homotoxicológica (5) ya que al caer el hombre en manos de una ciencia violenta y manipuladora, se siente cada vez más despersonalizado, más triste y más enfermo.

La propuesta

"¡Con qué gran respeto se debe mirar a cada persona, a cada comunidad, a cada sociedad, a cada nación! ¡Con qué gran cuidado nos deberíamos abstener de dar consejos para cambios que creemos buenos, en sentimientos, acciones y conceptos! ¡Con qué humildad deberíamos exponer lo que consideramos nuestros valores! Poniendo siempre de presente, desde el principio, que podemos estar equivocados, y que la libertad de escoger debe quedar en manos de cada individuo y de cada sociedad. Qué tremendos errores se han cometido por quienes hemos tratado de enseñar y de convencer de que hay cosas buenas en sí mismas, que deben seguirse. Con razón dice la religión católica que 'de buenas intenciones está lleno el infierno'." Hector Abad Gómez, médico asesinado en Medellín el día que lanzó su candidatura como Alcalde, considerado el padre de la moderna salud pública en Colombia. Reconocido mundialmente como salubrista y humanista.

En el prólogo de la misma publicación se encuentran las siguientes citas que nos ayudarán a comprender la propuesta:

  • "El hombre sabio está lleno de rectitud pero no desmenuza ni talla a los demás. Es justo pero no amonesta a los demás. Es recto pero no endereza a los demás. Es esclarecido pero no ofende con su brillo." Lao Tzé

  • "Se me debe exigir que busque la verdad, pero no que la encuentre." Diderot

Pensamos que la llamada relación médico-paciente, o acto médico, debe dirigirse hacia sanar, curar, moderar, consolar, ayudar, acompañar, relacionarse, entender, en una palabra: SOLIDARIZARSE con otro ser humano que aparece como paciente.

Ante el desconocimiento que tenemos de la multicomplejidad biológica y la teleología o propósito del paciente pensamos que la palabra que mejor puede definir el acto médico es la solidaridad, definida como "sentimiento que impulsa a los humanos a prestarse una ayuda mutua" o "dependencia mutua entre los humanos que hace que no puedan ser felices si no lo son los demás".

El acto médico no puede ser una relación de imposición sobre el paciente sino un acompañamiento solidario que involucra activamente a ambos personajes para que el enfermo reciba un impulso terapéutico que lo ayude a buscar su propio e individual orden, cualquiera que él sea, pero el que necesite para cumplir su propósito.

El acto médico se debe convertir en una relación humana de respeto mutuo, con una relación de amor, enriquecedora para ambos seres, en una relación solidaria, ni de poder ni de imposición ni de esquizofrenia para el paciente, al dividirlo no sólo en partes anatómicas sino también en mente y cuerpo, con todas las implicaciones que esto trae.

De esta manera la relación médico-paciente debe ser moderada y moldeada por principios generales de relación entre humanos.

Cuando estaba preparando este trabajo tuve la fortuna de escuchar a mi amigo y colega Rodrigo Lozada, cuando en una de nuestras periódicas reuniones en el Centro de Salud La Nueva Esperanza presentó lo que él llamó "Principios generales para la convivencia universal". Su presentación dio lugar a una muy amena charla con los médicos y con la organización de las mujeres del barrio que son las administradoras del puesto. De allí salieron las bases para presentarles las siguientes líneas que son la columna de la propuesta.

En la relación médico-paciente-médico debe haber RESPETO por el otro, esto es, por su individualidad, y por su teleología, por su camino y por su orden propio.

Irrespetar es comparar, permitir que lo estadístico prime sobre lo individual, es volver al paciente una serie de resultados de laboratorio y querer "normalizarlos" sin respetar el individual y teleológico ser biológico que es el humano.

Generalmente el médico tiene ante la vida misma una visión científica cegadora. La pregunta del "¿por qué?" tienen más validez que el "estar" o que el "existir". Se ha perdido la capacidad de admirar y de ver con los ojos de asombro y de niño (no ver para creer, sino creer para ver) la vida misma. Nos olvidamos que la vida es un milagro continuo, y frente a la naturaleza hemos decidido: "meterla en cintura para aplicarle el orden y la metodología científica".

Para acercarnos con respeto al otro, los médicos tenemos que releer y reaprender al mundo y al paciente. Tenemos que aceptar el que "estamos", el que "somos", y tener GRATITUD por la vida que nos permite la posibilidad de gozarla.

Siempre hemos insistido en que el médico es quien coloca una parte del impulso curativo, pero que es el paciente quien elabora esa información y busca su autocuración que corresponde a su participación activa en el acto de sanación.

El sanar se torna en un proceso en el que toman parte los dos, pero el fenómeno de curación, o mejor de autocuración lo hace el paciente. Esto se llama FE, y la fe, tanto en el uno como en el otro es un acto de AMOR, que al ser una interdependencia de personas no se refiere sólo al prójimo ni a sí mismo, sino que unido al respeto y a la gratitud surge la fe y el amor a todo el universo, a una fuerza y energía suprema que está presente en el médico y en el paciente, que los une, y que les permite a los dos su endocausalidad y el cumplimiento de sus respectivos propósitos.

Si aceptamos que hacemos parte integral de una fuerza universal, que en un mismo momento somos parte de ella y ella está en nosotros, aceptamos la SABIDURIA en el acto solidario, pero no la sabiduría que da poder y permite manejar y manipular, sino una sabiduría que se comparte y es génesis de la alegría, de la curación y de la salud.

Cuando ese saber le permite al paciente buscar su propio orden, estamos ante una medicina libertaria. Nos volvemos médicos libres para hombres libres. En libertadores de nosotros mismos y del paciente y dejamos de ser los esclavizadores de las pastillas y los diagnósticos.

El respeto, la gratitud, el amor-fé, la sabiduría, nos llevan a saber CALLAR.

Cuando aceptamos nuestro asombro e ignorancia ante el milagro de la vida, CALLAMOS, dejamos de imponer diagnósticos temerarios, de dar conceptos superficiales y arrogantes y aprendemos a decir "NO ", sin que ese "no " sea causa de angustia o desesperación.

Cuando se llenan las condiciones planteadas con anterioridad el no y el callar hacen parte de sentimiento de respeto, gratitud, amor y sabiduría.

Ante la ignorancia libertaria del ser humano, ante la grandeza de él, nos tornamos justos con el pensamiento taoísta de Lao Tzé. No nos abrogamos el derecho de juzgar a los demás, de condenar sus actos.

No podemos confundir la justicia humana, cuyas leyes están escritas, con una justicia universal que no tiene leyes que constriñen, nos referimos a una JUSTICIA con ética humana, con amor, con respeto, con gratitud, con sabiduría y aceptación de la ignorancia.

No es el maniqueísmo de inocente o culpable, bueno o malo, sino el aprender a analizar el hecho de estar, de ser, y ser capaces de impulsar al paciente por el camino hacia su teleología.

Cuando se tienen los seis anteriores principios, y sabiendo que nuestra cultura y la ciencia médica en particular les quieren negar el derecho a existir, el médico debe PERSEVERAR, debe entender que su trabajo y lucha no es para conseguir gloria, reconocimiento, dinero o fama. Es para solidarizarse con su prójimo en un acto que le permite reencontrarse consigo mismo y con su Dios todos los días.

Tenemos que aprender a perseverar, pues todos los días nos jugamos la última y esperanzadora carta para los habitantes de la tierra y en especial de nuestro país, es la carta que nos permite confiar en nosotros mismos y tener fe en nuestro prójimo. Es la posibilidad de aceptar al otro y aceptarnos nosotros mismos como seres vitales, unidos al todo, con una chispa divina, con nuestra teleología, endocausalidad, complejidad, grandeza, libertad y capacidad de ser.

Es el orgullo y la alegría esperanzadora de pertenecer al género humano, de sentirnos vivos y actuantes dentro del universo.

Desgraciadamente una mala educación "científica" y el desprecio por lo subjetivo nos han apartado de la alegría de sentir y entender la vida. Ante ella somos más observadores e investigadores que participantes.

Tenemos que insistir en rotar 90 ó 180 grados el cuadro de la vida para que encontremos en ella todo lo que nosotros mismos nos hemos obstinado en negar.

El acto solidario médico-paciente-médico debe constituirse en una acción de paz, de reconciliación con la existencia y de acercamiento al otro, perdiendo su posición guerrera de poder y subyugación. 


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