Escritos del Dr. Justo Cabrera

Sucre-Suicre (Colombia) Enero/2012

 

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“El Arte de Curar”

Homenaje a mi padre Mitín cuyo espíritu anida
en mi Ser

 Introducción.

Recuerdo que cuando niño había en mi pueblo un astillero, que desapareció hace años cuando la fibra de vidrio con sus epóxidos y demás tóxicos reemplazaron la madera en las embarcaciones del rio Mojana. Así lo llamaban: Astillero, aunque lo que fabricaban de modo artesanal y tradicional eran canoas enterizas ahuecando un solo tronco, o con tablones que iban uniendo con puntillas de hierros que luego curaban  con estopa y brea evitando así que el agua penetrara; también resanaban embarcaciones viejas y averiadas. Curar y sanar para la gente de mi pueblo, y sobre todo para el maestro Lancaster patrón y jefe del astillero, eran y son palabras diferentes….parecen sinónimos, más no lo son.  Posiblemente curar, del latín curare, cuidar, va más allá que sanar, más allá del simple hecho de restablecer la “salud” perdida a una persona. Curar es cuidar la salud, evitar su alteración y sanar las dolencias o disfunciones. Es un concepto más amplio, más dinámico y comprometido. Es integrarse con el enfermo y verlo como un ser dentro de sus realidades y dificultades.  Visto de esa forma, el concepto de enfermedad toma otro significado; el concepto de salud se hace diferente y real y, la relación médico-paciente, se descubre bajo otros términos e intencionalidades. “La salud de la persona ahora es un proceso que depende del equilibrio consigo misma y con su entorno, familiar, social, cultural y ecológico” (David Vinyes); no hay enfermedad sino enfermos, con todas las particularidades que este proceso adaptativo implica; y nosotros, los médicos, del latín  medicus, curar, intervenimos e intermediamos, pero nunca o casi nunca sanamos, porque la salud es un proceso dinámico y singular de todo ser vivo.  

La Medicina, entonces, bajo esta percepción, deja de ser una ciencia para convertirse en un “arte”; para convertirse en esa actividad humana hecha con esmero y dedicación, basada en conocimientos, sentimientos (sentir-pensar) y en todo ese conjunto de experiencias, habilidad, capacidad y talentos necesarios para desarrollar el Arte de la Medicina (ars medicina), como en un principio se llamó.  

La Medicina no es una ciencia, no puede ser una ciencia  en donde el observado es el enfermo a través del frío diagnostico estadístico de su “enfermedad”, es una ciencia dedicada al estudio de la historia de vida, de la salud, las “enfermedades” y la muerte de ese ser humano en particular, e implica el arte de ejercer tal conocimiento para el mantenimiento, la prevención y recuperación de la salud en su definición más amplia.  

Con este pequeño libro quiero resumir “El Arte de Curar” luego de 30 años de ejercicio médico, entendiendo que es una visión personal fundada en mi experiencia, mas no por esto deja de ser constructiva para aquellos que, como mi hija Melisa, se abren a la práctica de la medicina en un sistema de salud pública y particular determinado por la masificación de los “enfermos” mediante los diagnósticos codificado de las “patologías”; apoyado en la “protocolización terapéutica” que ha permitido convertir “El Arte de Curar”,  al Médico y a las instituciones de salud, en trabajadores no asalariados de todas las industrias farmacéuticas.

Ojala este escrito le sirva a Melisa y a toda esa generación de nuevos  galenos para concebir un enfoque diferente de la medicina, del médico y de sus enfermos y, permita, emerger un nuevo sistema de atención en salud.  Sucre Enero 26/2012.

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Historia de la medicina

La historia de la medicina es la historia del hombre mismo;
la historia de sus creencias, de sus vivencias, de su relación consigo, con los demás y con la naturaleza; desde la concepción animista del Ser hasta el positivismo actual los médicos son el producto de esa visión circunscrita a su momento histórico y, bajo esa perspectiva,  define a las enfermedades, al enfermo y en concordancia con ello especifica el “tratamiento”. 

No podemos apartar “El arte de Curar” de la cosmovisión imperante y “legalmente aceptada”, que permite  concebir un orden físico y metafísico  para  conjurar así el caos y la incertidumbre que produce el dolor, el sufrimiento, la vida y la muerte de un semejante. 

Todo conocimiento es un fruto madurado por años, siglos y milenios en el árbol del bien y del mal de la humanidad. Hecho de saberes dispersos; razonados y sistematizados en concepciones, afirmaciones e intuiciones que solo la realidad puede afirmar o negar al mostrarse. 

No pretendamos hacernos los “científicos” desechando “saberes” diferentes pero igualmente efectivos en el manejo de los enfermos. La ciencia es una convención, un acuerdo para racionalizar estadísticamente  fenómenos dentro de “parámetros explicativos” que no abarcan ni siquiera el 1% del escenario revelado. Si no fuese así ¿por qué  hay más enfermos idiopáticos que etiológicos?; ¿por qué  se habla de factores de riesgo, predisposición y anomalía metabólica?; ¿por qué son sensibles algunos y otros no a tratamientos, alimentos y medicamentos?; ¿por qué dos gemelos  no hacen “vidas idénticas”, ni tienen temperamentos idénticos e incluso sentimientos idénticos?. Simple, porque la realidad va más allá que la “racionalidad de los hombres”. Esta “racionalidad de los hombres” explica hasta donde puede lo que sucede, se crea  y recrea su “cuento”, “arma su película” y “mira su video” proyectando lo que quiere y ocultando lo que le es imposible comprender.  

Estamos inmersos en el positivismo a ultranza que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico; y que tal conocimiento solamente puede surgir de la confirmación de las teorías a través del método científico. Método basado en el  "conjunto de pasos fijados de antemano por una disciplina con el fin de alcanzar conocimientos válidos mediante instrumentos confiables"(¿y si no existen esos instrumentos confiables?); "secuencia estándar para formular y responder a una pregunta”  (si preconcebimos el problema ¿no podríamos acomodar la respuestas según nuestros parámetros intelectuales?); "pauta que permite a los investigadores ir desde el punto A hasta el punto Z con la confianza de obtener un conocimiento válido"(con qué facilidad se hace ciencia). 

Comte presenta a la historia humana en tres fases o estadios: 1)  Estadio teológico o mágico: corresponde a la infancia de la humanidad; en esta época las personas dan explicaciones mágicas de los fenómenos naturales, utilizan categorías antropológicas para comprender el mundo y técnicas mágicas para dominarlo. 2) estadio metafísico o filosófico: las explicaciones son racionales, se busca el porqué de las cosas, y se sustituye a los dioses por entidades abstractas y términos metafísicos. 3) Estadio científico o positivo: es la definitiva. El conocimiento se basa en la observación y la experiencia, y se expresa con el recurso de la matemática (por eso tantas estadísticas). Se busca el conocimiento de las Leyes de la Naturaleza para su dominio técnico (si somos natura pura al “dominarla” ¿no nos dominamos nosotros y nos esclavizamos haciendo nuestra existencia más dura? 

Pero la historia humana no es tan simple ni escueta ni estratificada ni secuencial;  es la historia de la consciencia, del Ser (el individuo natural) con el Hacer (el Ser social) y el Hacer (su “hábitat”) con el Comprender  (entender esa realidad). Los médicos, somos el producto, pero a la vez somos el discurso teológico, filosófico y científico de ese producto… ¡somos eso y mucho más señores!

No es de sorprender, entonces, que el hecho de “enfermar” para algunos sea fruto de  “un agente externo” causante; para muchos un castigo divino; para otros “enfermamos” por  una falencia orgánica patogenética predisponerte o, quizás lo hacemos, por una adaptación “disfuncional” del individuo como unidad integral, aunque se manifieste en órganos particulares. A veces una alergia nos aleja de una difteria o de un cáncer o tal vez, nos integra a otro nivel con el resto. Es de sorprender sí,  que a pesar de los “médicos y sus saberes”; a pesar de sus “terapias” y sus “medicamentos”…  el enfermo no muera, se sane o mejore, porque al final se acomoda fisiológicamente u homeostáticamente a su “vivencia”.- 

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He querido no hablar con “imaginarios anecdóticos” de cómo el hombre “primitivo” se hizo “médico”, o de la medicina del Egipto antiguo, o de Esculapio, o de Galeno o de los chinos o de la edad media o de la edad moderna o del Renacimiento. El cuidado de la salud es intrínseco al cuidado de la vida y todo ser vivo la preserva con sus mecanismos adaptativos. Desde el simple tropismo hasta las elaboraciones vitales más complejas son actos “medicus”,  que “cuidan” la existencia.  Quitémonos entonces el remoquete de “Doctor” y fluyamos con la substancia que da vida y alentemos su inmortalidad. 

Ser Médico...

Palabras de un viejo médico a su hija que comienza...
Ser médico ¿para qué?

¿Para ser médico?, ¿para creerse médico?, o… ¿para sentirse médico?
Para ser médico tenemos que saber curar.
Para saber curar tenemos que entender a la medicina como ars medicina.
Para entender a la medicina como un arte tenemos que sentirla…
O de lo contrario…

Estaremos informados como médicos; pero no formados como médicos.
Entenderemos de anatomía, fisiología, patología, clínica y paraclínicos, y lo más importante, de farmacología. Sabremos “fisiopatologías” y conoceremos de “enfermedades” y de “protocolos terapéuticos”…pero nunca seremos médicos, hasta que no sintamos entendiendo que para ser médico debemos primero ser: “un ser humano”, humanizarnos, no un profesional de la medicina; después, ser “un médico”, no un trabajador de la salud y, por último, “un amigo y confidente” del enfermo, no un juez de diagnósticos codificados y de terapéuticas estandarizadas.

Ser médico es una gran responsabilidad, cuando vemos esta responsabilidad propia y no institucional; es una gran responsabilidad cuando los enfermos son nuestros enfermos y no nuestros pacientes; es una gran responsabilidad cuando la relación médico-paciente es personal y no laborar; es una gran responsabilidad cuando somos médicos con criterios independientes y no médicos con criterios corporativos; es una gran responsabilidad cuando sentimos y entendemos que tratamos con vidas, con “historias de vidas” y no con historias clínicas; es una gran responsabilidad cuando diagnosticamos su estado de salud y no su enfermedad… Ser médico es una gran responsabilidad, cuando nuestra profesión es una extensión de nuestra existencia que nos permite vivir con esa vocación y no vivir de esa profesión.

Si vas a ser médico, hija mía… ¡Quiero que seas médico, que te creas médico y que lo sientas como tu abuelo Tata!
Sólo te deseo…buen viento, buen viaje y buena mar.-


Felicitaciones Justo.  La región de la  Mojana cuenta con un excelente médico y ser humano.  Lindo homenaje a tu padre .  Tu hija  igualmente se  debe sentir muy orgullosa con tus reflexiones. Quienes te conocemos y queremos podemos  viajar  en tus sentimientos y sentir en tus líneas  tu  sencillez y grandeza de corazón. Un abrazo, Yoseth Osorio D. 29/3/12


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