MEDICINA para la AUTOORGANIZACIÓN
 
Dolor Persistente y Otros Problemas Complejos

 

Boletín de actualización

Año 2007  - Número 1

                   

Editor: Dr. Pablo Rubén Koval

 

 

Temas de este número:

  • Medicina para la autoorganización:
    una nueva concepción de la salud y de la enfermedad.
     

  • Medicamentos facilitadores de la autoorganización:
    Lidocaína 0.375%, sin corticoide y sin adrenalina.
     

  • Medicamentos impositivos y sus complicaciones: Antiácidos y fracturas óseas.
     

  • Hernia de disco:
    La cirugía no es el mejor tratamiento.

 

 

 

 

 

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Medicina para la autoorganización:
una nueva concepción de la salud y de la enfermedad.

La medicina para la autoorganización se nutre de la medicina clásica pero incorpora nuevos conocimientos aportados por la física cuántica, la cibernética, la teoría del caos, la teoría de los sistemas, la teoría de las estructuras disipativas, la teoría de los fractales, el concepto de autopoiesis, la teoría Gaia, que están revolucionando las ciencias. Agrega una visión totalizadora del ser humano: no acepta su fraccionamiento, su estudio por partes y no lo aisla de su entorno.

La autoorganización es una capacidad inherente a los seres vivos. Un sistema autoorganizativo absorbe materia rica en energía del medio exterior y la integra en su propia estructura, aumentando así su orden interno y reduciendo su entropía. En los seres vivos la autoorganización se manifiesta en la creación de nuevas estructuras y de nuevos modelos de funcionamiento.  La autoorganización es la base del crecimiento, desarrollo y supervivencia del ser vivo.

La persona hace una enfermedad como forma de reducir la entropía en su sistema;  facilitar la autoorganización por el camino de la salud implica eliminar factores interferentes para resolver desequilibrios y propender a que el organismo se biorregule. Para lograr este objetivo, la medicina para la autoorganización no actúa sobre los síntomas sino sobre sus causas. 

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Medicamento facilitador de la autoorganización:
lidocaína 0.375%, sin corticoide y sin adrenalina.

La medicina para la autoorganización que comprende a la terapia neural, a la modulación neuromuscular y a la odontología neurofocal emplea medicamentos anestésicos locales, no para anestesiar el área inyectada sino para producir un efecto biorregulador y facilitador del proceso autoorganizativo. 

Nosotros usamos lidocaína muy diluida en solución fisiológica al 0.375% sin ningún agregado. En esa concentración tan débil no produce anestesia sino que actúa como impulso para la autoorganización, regulando al sistema nervioso. Es decir que en una concentración menor adquiere la propiedad de un fármaco diferente. Es como el caso de la aspirina, 500 ó 1000 mg sirven para calmar un dolor de cabeza, 100 mg no alivian la cefalea pero sirven para inhibir la adhesividad plaquetaria (evita que se formen coágulos). Al usar la lidocaína tan diluida, sin agregados, sin adrenalina ni corticoide, no ocurren efectos secundarios. 

Muchas personas, incluso algunos médicos, dicen: "¡ah!, lidocaína, es anestesia, pasa el efecto y se acabó". La realidad es completamente diferente. La lidocaína al 0.375% aplicada en lugares específicos modifica el estado del sistema nervioso en el lugar donde se aplicó y por ende actúa sobre la totalidad del organismo.  La lidocaína en esa concentración y en las dosis que se emplean en estos tratamientos carece de efectos tóxicos

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Medicamentos impositivos y sus complicaciones:
antiácidos y fracturas óseas.

 Los antiácidos pueden ser causa de fracturas porque inhiben la absorción del calcio provocando osteopenia.  

Un estudio médico demostró que tomar antiácidos durante más de un año puede asociarse a fractura de cadera espontánea o con trauma mínimo en personas de más de 50 años. El trabajo, publicado en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA), examinó los registros médicos de más de 145.000 pacientes en Inglaterra, con una gran base de datos. El promedio de edad de los pacientes era de 77 años.  

Ciertos antiácidos actúan sobre la llamada bomba de protones (omeprazol). Otros son bloqueadores H2 (ranitidina). Ambos tipos de fármacos se usan para tratar gastritis, úlceras, efectos del reflujo gastroesofágico y para aliviar la sensación de ardor estomacal asociado a la alimentación o al estrés. Por otra parte, los antiácidos son indicados frecuentemente para acompañar a los antiinflamatorios porque estos últimos aumentan la secreción de ácido. Es decir, un síntoma como el dolor es tratado con antiinflamatorios, éstos provocan ardor estomacal por aumento de la secreción de ácido lo cual requiere un antiácido que a su vez puede ser causa de fracturas. Agregando más eslabones a la cadena, las fracturas de cadera en adultos mayores a menudo llevan a complicaciones que pueden poner en riesgo la vida. Este encadenamiento de hechos nocivos es común con los fármacos impositivos de la medicina clásica. 

Normalmente el estómago segrega ácido clorhídrico que permite la digestión de las proteínas y la absorción de nutrientes esenciales como el calcio. El exceso de secreción ácida provoca ardor, quemazón, dolor estomacal y esofágico y lesiones en la mucosa.  

La solución no consiste en suprimir impositivamente con antiácidos la secreción en el estómago, sino en descubrir la causa de ese desequilibrio y mediante técnicas de la medicina para la autoorganización lograr que el organismo se biorregule hacia la curación. 

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Hernia de disco:  
la cirugía no es el mejor tratamiento.

En 13 centros médicos universitarios ubicados en 13 estados de los Estados Unidos coordinados por la Universidad de California llegaron a la conclusión que la cirugía para el tratamiento de la hernia de disco lumbar no es la mejor opción.

El trabajo, publicado en el Journal of the American Medical Association, fue dirigido por el doctor Steven R. Garfin, jefe del Departamento de Cirugía Ortopédica de la Universidad de California, en San Diego. Las conclusiones a las que se llegó son que la hernia de disco en la región lumbar, aún cuando sea grande, puede repararse sin necesidad de cirugía y que el hecho de no operarse no implica mayor riesgo.

Muchos  médicos y pacientes temen que una demora en la cirugía se asocie con riesgo de un daño permanente del nervio afectado, causando debilidad en una pierna o incluso la pérdida del control del esfínter vesical o anal. Pero ninguna de esas complicaciones se produjo durante los  dos años que duró el estudio que comparó la cirugía con tratamiento no quirúrgico en casi 2000 pacientes.  En el estudio no se incluyó a personas con daños graves como la pérdida del control de esfínteres que sí requiere cirugía inmediata.

Nosotros consideramos que una hernia discal no es la enfermedad sino sólo el resultado de un proceso que se inició mucho antes y no necesariamente en ese preciso lugar. La respuesta que se observa tras la aplicación  de los conceptos y técnicas de la medicina para la autoorganización permite inferir que la verdadera enfermedad primaria, el desequilibrio, puede encontrarse en cualquier lugar del organismo, que esa pérdida del funcionamiento armónico puede comprometer la llegada de oxígeno, de nutrientes y la eliminación de productos de desecho en el área de los discos intervertebrales de una región y terminar en su ruptura y herniación.

Estamos totalmente de acuerdo con las conclusiones a las que arribaron estos expertos; desde nuestro punto de vista la mejor solución es facilitar la autoorganización. El organismo se ocupará de sanarse. 

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