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MEDICINA para la AUTOORGANIZACIÓN
Dolor Persistente y Otros Problemas Complejos


 

Salud-enfermedad

desde la concepción

sistémica-compleja

 

Dr. Pablo Rubén Koval
Médico Especialista


Para la Medicina para la Autoorganización, la enfermedad no es lo opuesto a la salud, sino parte del proceso que hace el organismo en su devenir vital. El organismo se enferma y de ese modo logra encontrar un nuevo camino a través del cual halla su sanación y de ese modo sigue la senda de su vida. El organismo posee el conocimiento, o encuentra el camino, para vivir y también para enfermarse y curarse. Las reacciones curativas naturales, en respuesta a irritaciones del sistema nervioso, son un ejemplo de ello: los procesos inflamatorios e infecciosos que pueden manifestarse con dolores agudos, contracturas musculares, inmovilidad de articulaciones, elevación de la temperatura corporal y eliminación de sustancias tóxicas a través del aparato digestivo, respiratorio, urinario, ginecológico o de la piel y mucosas representan formas autoorganizativas. Cuando los problemas se complejizan, es necesaria la intervención terapéutica, pero no de carácter impositivo sino de un modo de facilitar los procesos naturales.

La Medicina Clásica entiende a la enfermedad como lo opuesto a la salud y como el resultado de una agresión externa o interna que debe combatirse, además, en su filosofía, está ausente la idea de proceso; divide al organismo en partes cada vez más pequeñas; persigue la idea de poder orientar los procesos biológicos o de corregir funciones mediante supresión, estimulación o reemplazo. Desde su concepción de lo patológico surge un número enorme de modelos de enfermedad, basados en síntomas y signos. Como resultado de su forma de pensar, lo que ve o detecta anormal constituye la enfermedad en sí y, por lógica, los tratamientos son dirigidos a combatir esas anormalidades; en definitiva, se aboca a las consecuencias y no a las causas. 

Son evidentes las racionalidades diferentes que usan la Medicina Clásica y la Medicina para la Autoorganización. No obstante, es necesario aclarar que la concepción de la primera es absolutamente útil e imprescindible en los cuadros de urgencia que ponen en riesgo la vida, como lo son los traumatismos, las rupturas u obstrucciones vasculares o viscerales, las infecciones generalizadas, ciertos cuadros psiquiátricos, etc. Sin embargo, a nuestro modo de ver, todas las demás situaciones clínicas englobadas en el concepto de distonías-distrofias, desde los problemas de salud agudos que no ponen en riesgo la vida, hasta los persistentes o recurrentes, no pueden explicarse ni resolverse siguiendo dichos criterios.

Consideramos que la salud, como proceso vital, no es medible, comparable, ni controlable, es la sensación propia y profunda de bienestar, es el sentirse bien físicamente, consigo mismo y con el entorno. Cuando se entiende que la salud, la vitalidad física y psíquica son el emergente del funcionamiento en equilibrio armónico y dinámico de todos los componentes interactuantes que constituyen la persona singular, en su relación con la sociedad y la Naturaleza, la idea de salud no puede quedar limitada por valores estadísticos normatizados. Ese “sentirse bien” engloba lo psíquico, lo físico, lo social, lo económico, lo político, lo cultural, lo histórico y lo ecológico. Así, desde esta perspectiva la salud no es, necesariamente, sinónimo de la ausencia de un proceso patológico.

Es importante comprender que el concepto que se tenga sobre la salud y la enfermedad determina íntimamente la actuación práctica del médico. Si se entiende la salud como aquella situación en la que los parámetros fisiológicos, bioquímicos e imagenológicos se encuentran dentro de los límites considerados normales de acuerdo a estudios estadísticos obtenidos en ciertos grupos poblacionales y aplicados en forma universal a toda la humanidad, y a la enfermedad como la situación en la que esos parámetros salen de dichos límites, el médico intentará, por el método que la “medicina basada en la evidencia” designe como más conveniente (tratamientos impositivos), llevar a esa persona singular al espacio ocupado por la mayoría estadística de modo de poder considerarla sana. Es sabido que una persona puede sentirse bien, y sin embargo sus valores hematológicos, urinarios, radiológicos u otros, de acuerdo con los estándares médicos aceptados, indican lo contrario. También puede ocurrir la situación opuesta, o sea, que la persona se sienta mal pero todos los valores, estudios e imágenes sean “normales”. En la primera situación lo común es que se implementen tratamientos con el fin de “normalizar” a la persona, en la segunda, lo más frecuente es que se le eche la culpa a problemas de orden personal o psicológico. En cambio, el médico con la moderna forma de pensar que propugnamos, ante la consulta en busca de ayuda, no forzará la entrada de ese ser singular a la estadística general, sino que promoverá mediante la facilitación de la autoorganización biológicamente económica, la recuperación de las funciones naturales de la persona enferma, dando lugar a que el organismo haga su proceso de autocuración porque cada ser singular está capacitado para hacer la búsqueda de su armonía dentro de un orden que le es propio.  

La Organización Mundial de la Salud, define a la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Si bien ésta es una definición amplia pues incluye otros aspectos fuera de lo estrictamente biológico, adolece de algunos defectos importantes. Por un lado considera a la salud como un estado, cuando la vida se caracteriza por su dinamismo, por su movimiento y cambio permanentes (de aquí la importancia de ver la salud y la enfermedad dentro del contexto de los proceso vitales); por otro lado, el completo bienestar conlleva la idea de que la salud es inalcanzable y no da lugar a las singularidades. En la definición está implícito que es siempre la autoridad sanitaria la que define la condición de la persona. En tercer lugar, no se tiene en cuenta que para que el ser humano sienta bienestar debe encontrarse en armonía con los demás componentes de la Naturaleza, pues su existencia es una emergencia de las relaciones entre todos los otros seres que conforman el mundo vivo. 

Los médicos Sandra Payán y Julio Monsalvo publicaron la definición de salud que dieron integrantes de poblaciones originarias de Colombia y del norte de Argentina, pueblos que en su idioma carecen de la palabra “salud” pues nunca tuvieron la necesidad de nombrarla. Lo que entienden como salud está implícito en la idea de vida, y a diferencia de lo que ocurre en la cultura occidental “civilizada”, no representa solamente una parte de aquella. También es alentador que para estos pueblos no existan definiciones únicas ni verdades absolutas respecto a este tema. Algunas de las definiciones de salud son las siguientes: “Una persona está sana si goza el día, tiene ganas de trabajar, de compartir con los demás, de practicar deportes, si quiere reír junto con sus amigos, si se levanta temprano y no duerme todo el día”; “Cuando un hombre está sano no está quieto, siempre quiere hacer algo: hacer una chacra”; “La salud es cuando la tristeza se convierte en alegría”; “Es estar feliz, despierto y ágil”; “Tener tranquilidad y mantener buenas relaciones con los familiares y con la comunidad”; “Es la armonía que existe en cada ser, en relación con la Naturaleza”; “Es sentirse bien con uno mismo y con el otro para complementarnos, integrarnos, intercambiar energía, generando armonía vinculándonos con la Vida”; Salud es la búsqueda constante y solidaria de nuestra capacidad para sentirnos bien y generar bienestar”. Estos pueblos tienen claro que salud no es medicina, y que muchas veces, medicina no es salud. Estas definiciones plantean una superación de las definiciones establecidas en este terreno.

 

Monsalvo, médico sanitarista que trabaja en la provincia de Formosa, Argentina, inventó junto a integrantes de la comunidad nativa donde ejerce su profesión el término alegremia”, en contraposición a los términos médicos utilizados para “medir la salud” (colesterolemia, glucemia, etc.). Para este pueblo la alegría que circula por la sangre es lo que indica la salud, no hay forma técnica de medirla pero sí puede percibirse en cómo la persona se siente,  camina, en el rostro, en la mirada.

 

Compartimos las ideas del Dr. Julio C. Payán de la Roche, y entendemos que salud y enfermedad no son entidades opuestas sino que forman parte, ambas, del devenir vital. Lo que se denomina enfermedad, sería en realidad un proceso de síntesis de factores culturales, biológicos, sociales, cósmicos, etc. En esta línea de pensamiento, Payán  define salud como:

 

un proceso dialéctico, biológico, social, singular e interdependiente, dado por las relaciones del ser vital con el cosmos, en un proceso de adaptación en una sociedad con sus relaciones culturales, políticas, económicas, de producción, vitales e históricas propias, que finalmente aparece como una sensación de bienestar en la vida, no definido únicamente por normas o modelos prefijados, masivos o estadísticos. […] Al final podría sintetizarse el concepto de salud como el proceso vital por medio del cual uno se acepta a sí mismo. 
 

Lectura Complementaria

Medicina para la autoorganización

Capítulo destinado a los profesionales de la salud

Libro (*): "Medicina para el Ser Singular con
Dolor Persistente u Otros Problemas Complejos
.
Fundamentos para la Terapia Neural Moderna." Autor: P. Koval.


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