PSIQUISMO

EMOCIONES

PSICO-SOMATIZACIONES

 


 

La dimensión psíquica y la memoria emocional emergente 
en la práctica de la terapia neural.

Práctica de la TN en  afecciones psíquicas

Concepción holística en biología

 

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Intercambio de opiniones publicado en la página web terapianeural.com

 

Pregunta

Carlos, 30/7/03.

 

 

¿Cuando el factor emocional está interfiriendo donde se pincha? He leído no me acuerdo dónde que en la próstata era un sitio indicado pero me suena raro. Saludos. 

 

 

Respuesta 1

Dr. David Vinyes, Barcelona, España, 30/7/03

 

 

Las emociones implican siempre una somatización, es decir unos síntomas reflejos en el cuerpo. De no ser así, son pensamientos y no emociones.

Nosotros tratamos a la persona, física y emocionalmente, pues no podemos separar estas partes. Desde las zonas de somatización, tratamos al mismo tiempo las emociones pues el sistema nervioso lleva la información en ambos sentidos. Si yo siento mi ansiedad en el pecho o en el estómago, es porque mi sistema nervioso lo somatiza precisamente allí, y pinchando en estos puntos estoy pinchando a su vez la emoción relacionada.

En ocasiones la emoción está relacionada con conflictos de pareja, laborales, etc.. pero siempre se manifiesta en algún lado. Si yo reflejo mis conflictos de pareja o mis miedos, o mi tristeza o lo que sea, a modo de infecciones de orina o impotencia sexual o herpes genital, etc.. entonces iremos a pinchar el sistema nervioso de la zona pélvica, que debido a que en el hombre se encuentra rodeando a la próstata y otros órganos pélvicos, lo llamamos coloquialmente "pinchar la próstata".  

 

 

 

La dimensión psíquica y la memoria emocional emergente 
en la práctica de la terapia neural. 

Nota publicada en la página web terapianeural.com

 

Dr David Vinyes, 
Catalunya, España.

Los objetivos de esta ponencia son tres:

1.       Apreciar y valorar la emergencia de la memoria durante el tratamiento de terapia neural.

2.       Reconocer la aplicación de la terapia neural en los casos en los que el motivo de consulta del paciente es una “afección psíquica”.

3.       Destacar que todo acto neuralterapéutico provoca un cambio en el neurovegetativo que repercute, en mayor o menor grado, en las estructuras corticales y límbicas, con proyección conductual y emocional.

Esto da importancia a los cambios de conducta, de relación, de sentir, de pensar, etc. que el/la paciente puede hacer con el tratamiento terapéutico neural.

La corteza cerebral es la parte consciente del cerebro. Procesa una variada gama de actividades, como la audición, el habla, el cálculo, la planificación, el pensar, ciertos tipos de reconocimiento, ... Y también desempeña una función importante en la apreciación consciente de las emociones.

El sistema límbico, en términos evolutivos, es más antiguo que la corteza. Es una parte inconsciente del cerebro.  Sin embargo, tiene un efecto profundo sobre nuestra experiencia, ya que está densamente conectado con la corteza consciente que tiene por encima y confiere constantemente información hacia arriba. Al igual que la mayoría de impulsos y apetitos que nos ayudan a sobrevivir, las emociones –nuestra reacción cerebral más básica–  se generan en el sistema límbico.

El tálamo es una especie de retransmisor que dirige la información que le llega hacia partes del cerebro correspondientes y específicas, para ser procesados allí.

Por debajo, el hipotálamo, junto con la hipófisis, ajusta ciertas condiciones físicas del cuerpo (neurohomonales) para mantener la constante adaptación al entorno en condiciones óptimas.

El hipocampo es esencial en el establecimiento de la memoria a largo plazo.

La amígdala, situada frente al hipocampo, es el lugar donde se percibe y se genera el miedo, que como cualquier otra emoción, implicará a la totalidad de las estructuras cerebrales y con ello, de la persona.

Si seguimos descendiendo, llegamos al tronco cerebral, la parte más antigua del cerebro. Está formado por nervios que llevan información del cuerpo hacia el cerebro. Contiene varios grupos celulares que determinan el estado general de alerta y regulan los procesos vegetativos del cuerpo.

Digamos, como ejemplo, que la necesidad de comer puede desencadenar una línea de comportamiento muy elaborada. No sólo buscar comida, sino elegirla cuidadosamente y convertirla en un plato exquisito. Una vez se ha disfrutado el placer de un helado de chips de chocolate y galleta, hace falta muy poco estímulo para provocar un paseito a la nevera. Por lo tanto, el impulso está tan relacionado con la más mecánica de las funciones cerebrales –el control de glucosa en sangre– como con las más complejas. En términos físicos, esto quiere decir que está implicado el cerebro entero: desde el tronco cerebral hasta la corteza cerebral. En la mayoría de las actuaciones cotidianas sucede algo parecido.

Los estímulos emocionales son registrados por la amígdala. La emoción consciente se genera tanto directa como indirectamente por señales desde la amígdala hacia la corteza frontal. La vía indirecta implica al hipotálamo, que manda señales hormonales al cuerpo para generar cambios físicos como las contracciones musculares, el aumento de la presión sanguínea y la aceleración del ritmo cardíaco. Estos cambios son enviados de vuelta hacia la corteza somatosensorial, que provee la información hacia la corteza frontal, donde es interpretada como emoción.

Sin el feedback que nos proporciona nuestro propio cuerpo no podemos distinguir las emociones de los pensamientos.

Nuestro vocabulario emocional –el corazón dolorido, el nudo en la garganta, el tapón en el pecho, la patada en los riñones– refleja la relación directa entre los estados del cuerpo y el sentimiento de las emociones.

El tráfico emocional entre el sistema límbico y la corteza va, como mínimo, en dos sentidos. Los impulsos que vienen de nuestra conciencia forman nuestros pensamientos conscientes y nuestro comportamiento, por eso la forma en que pensamos y nos comportamos puede afectar a las reacciones del cerebro inconsciente. Pero se han encontrado más conexiones que suben del sistema límbico a la corteza cerebral que las que bajan al sistema límbico, de manera que parece que las emociones están al mando.

Las emociones son una serie de mecanismos de supervivencia arraigados en el cuerpo, que evolucionaron para hacernos tanto escapar del peligro como impulsarnos hacia lo que nos puede ser beneficioso.

El sentimiento se define como el componente mental de la emoción.

A las emociones primarias no les hace falta la conciencia: pueden hacer que una persona se abalance sobre alguna cosa o salga corriendo de ella sin voluntad consciente.

Las emociones complejas son elaboradas estructuras cognoscitivas a las cuales se llega sólo después de bastante procesamiento por parte de la mente consciente, y de un rico intercambio de información entre las áreas corticales conscientes y el sistema límbico.

Algunas emociones quedan registradas en la memoria y las que se han vivido de un modo más intenso pueden desencadenar un proceso patológico. En ocasiones emergen de nuevo en la conciencia quizás como una oportunidad de resolver el daño provocado. De ahí la importancia de prestar atención a esas emociones que emergen a la conciencia desde la memoria inconsciente durante un tratamiento inespecífico, no conducido.

En la anatomía funcional se relacionan ciertas actividades y emociones con áreas específicas del cerebro. Recordemos que cada neurona se conecta directamente hasta con diez mil neuronas vecinas e indirectamente con todas las células del organismo. Por lo tanto, no hay estructuras independientes aunque cobren un mayor protagonismo en circunstancias concretas. Esto hace que una simple pápula en una zona específica de la piel que hace tiempo que nos está indicando algo a modo de eczema, picor, ahogo u opresión, pueda desencadenar reacciones emocionales, instantáneas o no. Sabemos que cualquier afección cutánea empeora o mejora según el estado anímico de la persona. La conexión entre piel y sistema límbico es estrecha.

Y lo mismo sucede en una persona con ciática, migraña, alergia o cualquier otra afección, sobretodo si aparecieron como fruto de hechos con una fuerte carga emocional que afectó mucho al individuo.

En ocasiones, con el estímulo terapéutico-neural emergen en la conciencia memorias, recuerdos, que se reviven de un modo físico y psíquico.

En otras ocasiones, con el mismo estímulo inespecífico se deshacen memorias que están ligadas a la enfermedad. En estos casos la persona deja de recordar una y otra vez el suceso que la atormentaba.

Esta inespecificidad en las reacciones emocionales y de memoria en el tratamiento de Terapia Neural es muy importante, pues nos habla de una libertad en la reacción, lejos de ser una manipulación. No se busca ni se pretende repercusión alguna, si aparece, se acepta y se valora.

La experiencia nos indica que las zonas de irritación nerviosa (parabiosis) no únicamente están relacionadas con la enfermedad y tienen una representación cortical, sino que también tienen repercusión límbica.

A los terapeutas neurales este fenómeno nos sirve como un importante indicador de cómo el tratamiento está afectando al proceso de salud–enfermedad  de la persona. Un despertar del apetito sexual, de las ganas de trabajar, de la ilusión por arreglarse y relacionarse, etc. después de un tratamiento, nos podría indicar que esta persona está empezando a deshilar el entramado que la mantenía en ese malestar. La migraña, la alergia, la hipertensión o lo que sea, es posible que acabe remitiendo posteriormente, pues ya no tendrá necesidad de estar.

El salto del Campo Interferente (CI) que en ocasiones aparece a lo largo de un tratamiento neuralterapéutico, no sólo se da en el cuerpo físico, a veces se observa claramente a modo de reactivación de la memoria emocional de un hecho pasado.

Lo que importa más no es el hecho en sí sino cómo lo vive la persona.

El factor emocional es uno más de los que hacen que una irritación pueda convertirse en CI. Es la persona misma quien “hace” un CI con su cicatriz o su infección. La emoción que envuelve la circunstancia puede ser decisiva en la instauración del CI. Un señor acudía con dolores de cervicales y lumbares así como en rodillas, además de ansiedad y agotamiento, mejoró instantáneamente después de inyectar la procaína en su cicatriz de apendicectomía. Cuando le extirparon el apéndice, coincidió que su mujer estaba de parto en el mismo hospital, y su hija se encontraba en urgencias afectada de una bronquitis asmática. Estas circunstancias, vividas como un abandono de la familia en el momento en el que más le necesitaban, seguro que tiene algo que ver con que generara este CI. En consecuencia, es posible que para que se desinterfiera esta irritación, sea necesaria una reacción emocional, una liberación de la angustia, del miedo, de la culpabilidad con que vivió ese hombre su apendicitis. Esta respuesta es inesperada y no creo que debamos interpretarla, simplemente reconocer su importancia en el proceso del desbloqueo.

 

 

 

Práctica de la TN en afecciones psíquicas

Nota publicada en la página web terapianeural.com

 

Dr David Vinyes, 
Catalunya, España.

En la práctica diaria de la Terapia Neural, no estamos acostumbrados a tratar a personas que acudan por afecciones psíquicas como único motivo de consulta. Si una persona acude por trastornos de conducta, depresión, ansiedad o fobias, es probable que pensemos en derivarlo a un psicólogo o psiquiatra antes que se nos ocurra dónde aplicar la procaína aparte del tiroides o del cuero cabelludo.

Nuestra experiencia en este terreno ha ido aumentando en los últimos años debido a que una doctora que trabaja en un gabinete de psiquiatría nos va remitiendo pacientes que llevaban varios meses o años con tratamiento psiquiátrico sin encontrar una clara mejoría o que recaían al disminuir los fármacos. Se desvanecía la opción de hacer regresar a los/las pacientes de nuevo al psiquiatra sin probar antes con la TN.

La mayoría de las personas tratadas han mejorado, de un modo más o menos rápido, como ocurre con cualquier otro paciente que acude con síntomas físicos. Al fin y al cabo no hay diferencias, tan sólo el motivo de la consulta, pues a los pacientes que acuden por otros motivos también les preguntamos sobre su estado anímico y hacemos un seguimiento de los cambios que se producen a ese nivel.

En varios casos hemos encontrado campos interferentes (cicatrices de accidentes o de intervenciones que por lo general coincidieron en un entorno que afectó a la persona, cordales incluidas o sus cicatrices, etc.). En otros casos el desbloqueo psicológico y emocional se ha dado después de tratar el plexo vegetativo que se relaciona con la zona donde la persona focaliza, consciente o inconscientemente, su trastorno psíquico (por ejemplo, el plexo pélvico en abusos sexuales o en conflictos con la pareja).

Pero lo que nos ha parecido muy exitoso y un factor común en la mayoría de estas personas es la aplicación de la procaína en los puntos de piel donde ella siente su ansiedad o tristeza, o en la parte de su cuerpo que nota más tensionada cuando le aparece la fobia o la rabia.

El punto o los puntos donde la persona nota su ansiedad (para poner un ejemplo) suelen ser muy individualizados y en una misma persona se dan casi siempre en el mismo sitio. No creemos que esa insistente focalización sea casualidad. Entonces simplemente escuchamos lo que nos dice ese paciente, “siento un nudo en la boca del estómago”, “noto una opresión en el pecho que no me deja respirar” , “siento un pinchazo precisamente aquí y allí”.

Exploramos sutilmente la piel en los puntos donde la persona somatiza su ansiedad, y a veces ésta se incrementa cuando tocamos un punto específico. Pueden ser también puntos dolorosos. Aplicando la procaína en esos puntos suele provocar reacciones de inmediato: “ya puedo respirar mejor”, “me siento más relajada”. Un profundo suspiro suele seguir al pinchazo, como si indicase que algo se ha destapado.

La mayoría de estos puntos los hemos encontrado en la zona precordial, el epigastrio y el tiroides, aunque pensamos que no se puede ni se debe hacer ningún mapa, pues es el mismo paciente quien nos dice el punto exacto, y debemos aprender a escucharle. Otra zona que nos ha resultado muy frecuente es la occipital, coincidiendo con la inserción de la musculatura de la cintura escapular.

Resumiendo, hemos visto grandes cambios en personas con diferentes diagnósticos psiquiátricos (al cual nosotros no damos tanta importancia) que han permitido que redujeran o abandonaran la medicación que tomaban, simplemente haciendo una anamnesis al puro estilo tradicional de la Terapia Neural, buscando posibles zonas de irritación nerviosa y aplicando allí el estímulo neuralterapéutico. Hacemos hincapié en los puntos donde la persona siente su trastorno anímico.

 

 

 

Concepción holística en biología

 

Intercambio de opiniones publicado en la página web terapianeural.com

 

Dr. Viñuales
España, 23/09/03.

Obviamente nunca debemos olvidar el concepto de "holo" si queremos en realidad trabajar con la terapia neural desde la concepción biológica y entenderemos ese holo si lo llevamos a conceptos más modernos como la teoría general de sistemas o los sistemas de regulación biocibernéticos derivados de los trabajos de Wiener.
Dicho esto me permitiría recordarnos a los que creeemos en una visión más integral que el concepto de emociones es algo inespecífico, al menos para la biología. Debemos saber pasar a un lenguaje más biológico esos términos de psico-somatizaciones.
Sabemos hoy en día las rutas de sistemas informáticos y como buscar los errores y sus correlaciones. Existen redes neuronales artificiales e incluso coexisten las artificiales y las biológicas. Creo que no podemos seguir pensando en que el organismo se pierde y no conoce lo que está haciendo en cada momento y lugar (aunque nuestra mente sí que esté perdida). Gracias a la vida la biología nos lleva unos millones de años de ventaja además con un profundo sentido filogenético, es decir evolutivo.
Entonces entendemos a la biología desde sus tres planos, conciencia o mente (plano biofísico), bioquímico (cerebro-hormonal y metabólico) y orgánico (anatómico). La homeopatía tambien diferencia entre los problemas que son funcionales y/o estructurales.
En medicina sabemos que un paciente de 70 años suele tener una degeneración artrósica (visible en una placa de radiología) que no vamos ahora a comentar, en otro momento podemos entrar a valorar esos mecanismos. Sin embargo, no presentan ningún dolor de ese tipo, y de repente algo cambia y con la misma imagen tenemos un dolor inesperado. Ahora imaginemos una ruta médica: caso 1: lo ve un médico que no sabe nada de él, en urgencias y al ver la placa le dice que tiene artrosis y que es normal por su edad, etc y que tome una medicación, teniendo en cuenta que esos dolores pueden mantenerse más o menos para siempre. Caso 2: lo ve un médico que le conoce y además conoce su estado previo, dirá que eso es normal y que corresponde el dolor a la imagen. Y sin embargo desde nuestra perspectiva buscaríamos el campo interferente. 

 

 

Comentario  

Dr David Vinyes, Barcelona, España, 24/9/03

 

 

 

Hola Dr. Viñuales, muchas gracias por permitirme disfrutar de tus comentarios. La verdad es que se echan en falta.

Sólo quisiera comentar que es muy difícil distinguir entre emociones y psico-somatizaciones, pues las emociones, por definición, se reflejan en el organismo mediante síntomas, a diferencia de los sentimientos.

El pensamiento se genera en la corteza cerebral, es un acto consciente. El sentimiento es la parte mental de la emoción, y la emoción es una compleja cascada de acciones y reacciones que implica la somatización. Esos síntomas orgánicos son una vía por la cual tomamos conciencia de esa emoción.

Sabemos que sentimos y tenemos miedo, rabia, amor, ... en un momento dado porque lo notamos en nuestro cuerpo, de un modo individualizado claro. Claro que tenemos conciencia de ello también por otras vías, biológicas o no. Una via biológica esta representada por las múltiples conexiones cerebrales, sobretodo entre el sistema límbico y la corteza cerebral. Insisto en que habrá otras maneras de conexión.

Aclaro que lo dicho es simplemente mi opinión, aunque mira por donde, en este caso está basada en la propia neurobiología, que también depende del autor, claro.  Un abrazo.   

 

 

Respuesta 

Dr Viñuales,  España, 25/09/03

 

 

Retomando la respuesta del Dr Vinyes, creo que lo que ocurre es que es difícil ese manejo del lenguaje y por eso yo intentaba hablar de un lenguaje biológico...un lenguaje que no está interpretado por diferentes neurobiologos sino vivido por los animales, entre los que nos incluimos, desde hace millones de años y que no cambia con un soplo del viento de la moda médica y el lenguaje al uso. No olvidemos que la ciencia es el género de narración actual, sólo tiene 200 años, año arriba o abajo.

Veamos... en realidad la neurobiología y más aún ya Darwin hablaba de la expresión emocional, la cual a su vez consideran condicionada en muchos casos por nuestro entorno tanto genetico como ambiental (fenotípico)...pero no nos podemos llevar a engaño: un animal no manifiesta orgánicamente rabia como emoción cuando muerde a su presa, eso es nuestro lenguaje cultural que necesita etiquetar (y aquí recuerdo a nuestro Payan y las no etiquetas) para pedagogía mental. Ni siquiera las babas que se le caen son el síntoma de eso, ni la fuerza con que apresa. Un águila a la que denominamos orgullosa y altiva en su vuelo majestuoso, desde nuestro vademecum lingüistico, seguro que no tiene ni idea de que emoción o sentimiento es ese. Es su manifestación biológica que según las especies ha tomado esa forma con un profundo sentido biológico y evolutivo y que en los mamíferos superiores "en algunos momentos" se puede ver reflejada con cambios de flujo circulatorio en la amigdala cerebral (que es parte de ese sistema límbico) sin entrar en las modificaciones neuronales que dan sustento a esos cambios.

Un lenguaje biológico auna los criterios: metabólicos (variaciones en parámetros electrobioquímicos, y las correspondientes analíticas que nosotros podremos interpretar de una manera u otra según que posición tomemos), los criterios anatómicos, palpables o visibles bajo la mirada clínica o radiológica, y que también pueden cambiar en función de nuestra lectura de la naturaleza. El entendimiento de la genética y la expresión de los genes desde una aproximación Darwiniana y Lamarckiana...La visión biocibernética, que es holística y como tal es gravitacional y electromagnética al tiempo y un largo etc.
Recuerdo a un sabio que decía; "leemos mal el mundo y luego decimos que nos engaña".

Seguro que cuando los elefantes acompañan a los de su especie al lugar que los humanos hemos llamado cementerio, movilizan todo eso en su interior y nuestro "corazón" siente y expresa emociones al verlos. Creo que el de ellos, late y ellos viven....el dolor es inevitable, el sufrimiento es mucho más opcional y cultural, y esto sé que genera polémica. Pero una cosa son nuestros errores en la forma de acercarnos a los pacientes y de que no tengan dolor y otra el sufrimiento que hemos favorecido...y que luego nos vemos obligados al precio que sea a remitir.

Por supuesto, como dice el Dr Vinyes, es mi muy modesta opinión, absolutamente cuestionable. Espero que al menos compartamos el criterio de que la naturaleza es una, como el sol y la luna que conocemos, como el Universo (Uno en movimiento), al menos el que nuestra cultura acepta....y que nos afecta directamente. Gracias.