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EDITORIAL
del 8 de Agosto de 2011

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8 de agosto de 2011

La forma de pensar que el profesional tenga
sobre la salud y la enfermedad, define su accionar
Pablo R. Koval, méd., Argentina


Es importante comprender que el concepto que se tenga sobre la salud y la enfermedad determina íntimamente la actuación práctica del profesional.

Si se entiende la salud como aquella situación en la que los parámetros fisiológicos, bioquímicos e imagenológicos se encuentran dentro de los límites considerados normales de acuerdo a estudios estadísticos obtenidos en ciertos grupos poblacionales y aplicados en forma universal a toda la humanidad, y a la enfermedad como la situación en la que esos parámetros salen de dichos límites, el profesional intentará, por el método que la “medicina basada en la evidencia” designe como más conveniente (tratamientos impositivos), llevar a esa persona singular al espacio ocupado por la mayoría estadística de modo de poder considerarla sana.

Es sabido que una persona puede sentirse bien, y sin embargo sus valores hematológicos, urinarios, radiológicos u otros, de acuerdo con los estándares médicos aceptados, indican lo contrario. También puede ocurrir la situación opuesta, o sea, que la persona se sienta mal pero todos los valores, estudios e imágenes sean “normales”. En la primera situación lo común es que se implementen tratamientos con el fin de “normalizar” a la persona, en la segunda, lo más frecuente es que se le eche la culpa a problemas de orden personal o psicológico.

Para la Terapia Neural la enfermedad no es lo opuesto a la salud, sino parte del proceso que hace el organismo en su devenir vital. El organismo se enferma y de ese modo logra encontrar un nuevo camino a través del cual halla su sanación y de ese modo sigue la senda de su vida. El organismo posee el conocimiento, o encuentra el camino, para vivir y también para enfermarse y curarse. Las reacciones curativas naturales, en respuesta a irritaciones del sistema nervioso, son un ejemplo de ello: los procesos inflamatorios e infecciosos que pueden manifestarse con dolores agudos, contracturas musculares, inmovilidad de articulaciones, elevación de la temperatura corporal y eliminación de sustancias tóxicas a través del aparato digestivo, respiratorio, urinario, ginecológico o de la piel y mucosas representan formas autoorganizativas. Cuando los problemas se complejizan, es necesaria la intervención terapéutica, pero no de carácter impositivo sino de un modo de facilitar los procesos naturales.

Consideramos que la salud, como proceso vital, no es medible, comparable, ni controlable, es la sensación propia y profunda de bienestar, es el sentirse bien físicamente, consigo mismo y con el entorno. Cuando se entiende que la salud, la vitalidad física y psíquica son el emergente del funcionamiento en equilibrio armónico y dinámico de todos los componentes interactuantes que constituyen la persona singular, en su relación con la sociedad y la Naturaleza, la idea de salud no puede quedar limitada por valores estadísticos normatizados. Ese “sentirse bien” engloba lo psíquico, lo físico, lo social, lo económico, lo político, lo cultural, lo histórico y lo ecológico. Así, desde esta perspectiva la salud no es, necesariamente, sinónimo de la ausencia de un proceso patológico.

Con la forma de pensar que propugnamos, el profesional, ante la consulta en busca de ayuda, no forzará la entrada de ese ser singular a la estadística general, sino que promoverá mediante la facilitación de la autoorganización biológicamente económica, la recuperación de las funciones naturales de la persona enferma, dando lugar a que el organismo haga su proceso de autocuración porque cada ser singular está capacitado para hacer la búsqueda de su armonía dentro de un orden que le es propio.


Comentario 1:
Juan Carlos Jiménez Illera, méd., 13/8/11

Cuando se habla de terapia neural y sobre los mecanismos que fundamentan los procesos de mejoría y curación de pacientes, siempre me cuestiono sobre éstos y trato de darle una explicación con base en la biología molecular y la fractalidad del A.D.N., con la expresión de genes, su mutación, las histonas y los microtúbulos, la embriología y la relación e interconexión del ectodermo con la piel y el sistema nervioso, el sistema básico de Pischinger con su tejido conectivo y los procesos de ubicuidad, la física cuántica, los fotones y la energía, la termodinamia y sus sistemas abiertos, la biocibernética y sus mecanismos de control, regulación y transmisión de información, los sistemas complejos y las teorías evolutivas, y es allí cuando se tornan entonces en verdades de acuerdo a las circunstancias y a las necesidades del momento; pero no son las respuestas que realmente satisfagan éstos cuestionamientos.
El hombre es un sistema complejo, con una dinámica no lineal y una red de elementos interactivos que lo hacen cambiante y no solamente el resultado de un programa genético que especifica dónde, cuándo y qué genes se activan durante el desarrollo determinando así todas las propiedades del organismo en cuestión.

Pero la composición molecular no es suficiente para especificar propiedades como pautas dinámicas de un medio excitable o las formas orgánicas que emergen de ellas. Hace falta comprender también el orden relacional entre los constituyentes moleculares, su organización en el espacio y sus interacciones en el tiempo, con otros organismos, con su medio ambiente y su cosmos.

Un organismo es una unidad funcional y estructural en la que unas partes existen por y para otras en la expresión de una naturaleza particular. Está compuesto por varias partes interconectadas o entrelazadas cuyos vínculos contienen información adicional y oculta al observador. Como resultado de las interacciones entre elementos, surgen propiedades nuevas o emergentes que no pueden explicarse a partir de las propiedades de los elementos aislados.

Cuando nos enfrentamos al hombre con sus enfermedades y lo observamos de una manera holística con esa expresión llamada enfermedad, es cuando debemos ver no solo el árbol, sino el bosque y recordar que el desorden en la naturaleza no es sinónimo de anarquía, es un desorden equilibrado, ecológico, dinámico y dialéctico y si logramos observar, más que solo ver, es cuando ese desorden ese caos se convierte en matices que nos permite ver el camino que buscamos junto al paciente para buscar esas respuestas a su proceso de salud enfermedad.

La historia impersonal debe ser remplazada por una biografía profunda y esencialmente personal.

Aquí se requiere de un adecuado concepto de la individualidad y de la mente, un concepto de cómo las personas individuales crecen y se desarrollan, y cómo su crecimiento y desarrollo están correlacionados con sus cuerpos físicos.

Escribe Spinoza en su Ética, “ Nadie hasta ahora le ha impuesto límites al cuerpo, nadie ha pensado por experiencia lo que el cuerpo puede realizar sólo con las leyes de la naturaleza, nadie hasta ahora ha conseguido tal conocimiento exacto del mecanismo corporal que pueda explicar toda su función;….el cuerpo puede, por las solas leyes de su naturaleza hacer muchas cosas de las que la mente se maravillaría”.

Uno tiene que investigar en todo el drama humano que envuelve la enfermedad, y explorar lo que eso puede significar en una persona en particular. Uno no sólo tiene que tomar una historia “médica”, sino intentar construir una narrativa humana completa y a partir de ésta impulsar el organismo a su búsqueda de procesos de autoecoorganización.


Comentario 2:
Heberth García Rincón, méd., Colombia, 17/8/11  

Tres conceptos elementales de Medicina Convencional sobre el fenómeno Salud – Enfermedad debe modificar el médico en el ejercicio de la TN:

1.      La Enfermedad como un evento extraño al Organismo.
2.     La Enfermedad sinónimo de  que algo funciona mal
(es decir, es un error).
3.     La ubicación anatómica de la Enfermedad.

Veamos:

1.      La Enfermedad como un evento extraño al Organismo:

Se entiende la Enfermedad como un evento extraño que entra y sale por una especie de puerta giratoria, concepto derivado de los procesos traumáticos cuando un cuerpo extraño (flecha, piedra, etc.) golpea o se introduce en el hombre y lo enferma; este pensamiento se vio avalado por la Teoría Microbiana que desconoce un gran número de variables diferentes al agente infeccioso.  De tal manera que a partir de esto se llegó al concepto que al hombre “le da” una enfermedad (aquí la Enfermedad sería algo ajeno al hombre) cuando realmente el hombre hace la Enfermedad como veremos en el siguiente numeral.

2.      La Enfermedad sinónimo de que algo funciona mal:

Se entiende aquí a la Enfermedad como el aumento, disminución o anulación de una función normal debido a que “algo” se dañó y por tanto se debe corregir.  Este concepto debe ser cambiado por uno nuevo que entienda que este cambio en la función es una reacción con intenciones de curación; es un esfuerzo por volver al mayor grado de organización que le sea posible en esas condiciones, es una respuesta adaptativa a una serie de condiciones internas y externas a las que se ha visto abocado y por tanto no se trata de que algo esté funcionando mal.  De tal manera que al Organismo no le da una enfermedad sino que hace una enfermedad con un propósito definido: tratar de curarse; que lo logre o no, es otra historia.  Por ende el esfuerzo del médico va dirigido a proporcionar un impulso que le permita al Organismo una mayor organización con un menor gasto de energía.

3.      La ubicación anatómica de la Enfermedad:

Se piensa que la enfermedad tiene una ubicación anatómica, por ejemplo es una afección hepática, una afección renal, un trastorno inmune, etc.  Esta idea debe cambiarse y entenderse que la enfermedad es una reacción generalizada del Organismo como un todo y que suele manifestarse en uno o varios segmentos anatómicos pero que, insisto, implica a todo el organismo como unidad.  Si Pedro tiene gastritis no es porque su estómago esté afectado sino porque todo Pedro está enfermo y  esto se expresa en su estómago; de tal manera que hay diferencia al decir: “como Pedro tiene gastritis está enfermo” (aquí la enfermedad se ubica anatómicamente en el estómago), a afirmar: “como Pedro está enfermo tiene gastritis”; en este último caso la enfermedad como tal hace referencia a todo el organismo de Pedro y ella no tiene ubicación anatómica sino su expresión que sería la gastritis.

 Para terminar, como dice Pablo, los promedios estadísticos no son válidos para determinar la normalidad de un individuo pues como bien es sabido, en lo vital la norma es apartarse de la norma pues esto le garantiza a cada organismo su individualidad.

(Todos los anteriores conceptos se pueden ampliar en el libro “Lo Normal y lo Patológico" de  Georges Canguilhem)


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